domingo, 27 de febrero de 2011

Del Islam, la revolución y la democracia

Sevilla, 27 de febrero de 2011

Si había un miedo dormido que ha despertado bruscamente es este. Quien más y quien menos alguna vez se ha planteado el tema: la expansión del Islam, especialmente en Europa. Hoy la sombra se alarga y llega a nosotros vestida de revolución. Pero, ¿por qué ese miedo? Hay que reconocer que confluyen varios temas, empezando por el especial desconocimiento de todo lo que ocurre fuera de nuestra Europa occidental, aderezada con los estereotipos y una pizca de racismo. Parto con todas las limitaciones, voy a escribir desde ellas, no pretendo impartir una lección sobre este tema, si no plantear, después de haber reflexionado, las dudas que surgen con los acontecimientos actuales a una mayoría, o al menos las mías.

El mundo islámico, actualmente, acoge una extensión  inmensa, une ininterrumpidamente , exceptuando India y Tailandia, desde el Atlántico hasta Indonesia. Se calcula que hay más de 1.375 millones de musulmanes, es decir “que se someten a la voluntad de Dios”, que es el significado de la palabra en árabe. La mayoría, como es sabido, habita en esa zona, aunque las minorías en los grandes países europeos van creciendo rápidamente, inclusive en los Estados Unidos. Se calcula que en menos de diez años habrá 50 millones de musulmanes en la Unión Europea, más que habitantes tendrá España. El miedo latente, que aunque algunos no lo reconozcamos, sentimos, es el de una progresiva islamización de Occidente. ¿Será esta la última y definitiva yihad? Se paró en Poitiers a los árabes, en Lepanto y Viena a los turcos, pero hoy, en los tiempos de una Europa laica y en paz parece que se pueden colar por la puerta de atrás.

Pero, ¿por qué nos preocupas éstos y no otras minorías inmigrantes? La existencia de un rencor secular es lógica, para empezar nos hemos llevado desde el siglo VII hasta entrado el XX en guerra de una forma u otra con ellos. Unas veces defendiéndonos y otras por causa de alguna potencia colonizadora europea, sobre todo en los últimos tiempos, siempre hemos sido antagonistas. Todavía en España  te encuentras personas que han vivido en primara mano la guerra de Marruecos y hace casi un siglo que terminó. Sobre este substrato, que viene a redondear el racismo histórico del blanco, hay que sumarle el tema de la laicidad. En Europa, excepto un pequeño porcentaje, aunque nos reconozcamos mayoritariamente creyentes, nuestra vida es laica. La religión no forma parte de nuestras vidas cotidianas, para muchos esto ha sido un avance, pero nuestra imagen del Islam es completamente opuesta, vemos la mezquita llena de fieles a diario realizando la oración. La imagen y el sonido del almuédano llenan a diario las ciudades musulmanas, inclusive en una Estambul, aquí como mucho el repique de campanas ha quedado como imagen cuasi turística en el centro de alguna capital o pueblo de la beata y roja Andalucía.

Durante un lapso muy largo de la historia Europa cambió desde la medieval teocrática hasta la actual, es un tópico, pero una realidad, que el mundo islámico entonces tenía ventaja sobre el cristiano en ciencias, humanidades, tecnología, etc... ¿Qué pasó? Pues desde entonces, entró Europa en un proceso paulatino científico técnico que cambió nuestro estilo de vida, dándole la vuelta como un calcetín. Empezó por la ciencia, donde se llegaba a quemar científicos por la Inquisición, y a día de hoy en la mayoría de foros la ciencia está muy por delante de la religión. En el orbe islámico parece que esa transformación no ha llegado y donde se hizo fue a la fuerza, como en la Turquía de Ataturk. El principal cambio llegó en Europa cuando se separaron Estado y religión, ese momento en muchos estados islámicos no ha llegado todavía, y donde si, el avance social todavía no ha sido suficiente, la democracia no existe, al menos a estándares occidentales, siendo caldo de cultivo de movimientos integristas. La pobreza y el analfabetismo no son buenos consejeros.

Hasta aquí, la impresión que creo que muchos teníamos hasta principios de este año. Pero las revueltas iniciadas en Túnez han zamarreado todo esto. Lo miramos con una mezcla de ilusión y pavor. Desde aquí entendemos como lógico que donde abundan la pobreza y las desigualdades sociales estallen revueltas, más si sumamos las nuevas tecnologías, que acercan cosas impensables antes a casi toda la población. Pero, ¿piden democracia o pan? Habrá algunos que lo primero, pero creo que muchos piden lo segundo. En nuestros países democracia y progreso han ido de la mano en la mayoría de los casos, en otros no, la república de Wiemar o la II república española son ejemplos de eso. En estos países no hay ni tradición democrática, ni un desarrollo económico  adecuado, sólo en los países que dispongan de recursos naturales abundantes, se podría dar un avance social importante de manera inmediata, pero sólo si se evitan el nepotismo y la corrupción. Si no, el primer impulso democrático puede caer frenado por el ansia de bienestar del pueblo y esto ser fuente de nuevos regímenes integristas. Y aquí pasamos de la ilusión al pavor.

En definitiva, esto puede ser un momento histórico o sólo un cambio de nombres, espero que si se producen cambios sean hacia el progreso y aquí tienen mucho que decir las minoría que viven en occidente, pues puede que aquellos que si se hayan integrado, sirvan de guía en la transición a la democracia. Si no, y al final siguen los mismos perros con otros collares o entran los integristas, nuestra intranquilidad seguirá en aumento al igual que los desencuentros entre nuestros mundos, terrorismo incluido.  

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