domingo, 20 de febrero de 2011

De la democracia en España(II) Yo lo que quiero es conocer a mi diputado

Sevilla,a 18 de febrero de 2011


            Es algo que tenemos asumido, no nos damos cuenta, desde el instante en que depositamos nuestro voto perdemos toda la fuerza, otorgamos un poder irrevocable. La democracia sólo es una ventana que se abre unas pocas veces cada cuatro años, cinco en las Europeas. Esto suena fuerte pero es así, desde que volvemos de las urnas sólo queda rezar para que el político que hemos votado, por el miedo a perder el empleo, haga lo que prometió, y eso pasa en contadas ocasiones. Como ejemplo el cabreo de los electores socialistas con ZP, en el fondo sabían que les engañaban pero no podían imaginar que llegase a tanto.

            A mi poco modesto entender sólo  hay una forma de arreglar esto, cambiar el sistema electoral de cabo a rabo. Hay que conocer el nombre de nuestro elegido, del político que ostente el cargo electo en nuestras urnas. Eso si cambiaría las cosas. Muchos no estaréis de acuerdo con lo que escribo, que por supuesto conocéis el nombre del diputado que votasteis y por supuesto del alcalde, pero yo no me refiero a eso. ¿Alguien se acuerda del nombre del último diputado o concejal que salió elegido del partido que voto? Si se hiciera una encuesta la mayoría no sería capaz de recordarlo, si alguna vez lo supo, yo el primero. Todos nos acordamos del partido, de la marca, es lo que les interesa, refuerza su poder, y no es poco el que ya detentan. Por eso yo quiero conocer a quien voté, para poder increparle si me lo encuentro por la calle. Al que votamos ahora es casi anónimo en su propia circunscripción y tiene sentido que lo sea, no le votamos aunque el acta de diputado sea suya,  lo hacemos a su tribu, al logotipo que en el fondo es quien le pone y quien se debe. Su fidelidad pondrá siempre por delante al partido que a su votante. A quien apoderamos, por ello, siempre incumple su mandato, y no se debe culpar de ello porque no se puede servir a dos amos a la vez y el suyo  está claro quien es.

            Con lo expuesto esta claro que hay que liberar al electo de la dictadura del partido. No me creo los democráticos procesos internos actuales, las primarias sólo se plantean cuando no  lo ven claro electoralmente, es más, normalmente lo hacen para dar una colleja a la dirección del partido. Las listas abiertas son más de lo mismo, si no conocemos quien va el décimo en la lista de nuestra formación, ¿sabremos algo de los de enfrente? Por ello yo hoy en día defiendo el sistema mayoritario, a doble vuelta y con tantas circunscripciones como número de electos en la cámara. Hay que olvidarse de las provincias y reformar los distritos electorales. Como un mismo diputado puede defender los intereses de votantes de distintas comarcas dentro de una misma provincia, muchas veces con sentimientos y necesidades contrapuestas. La división en provincias de España viene un plan de modernización durante la primera mitad del SXIX, 30 de noviembre de 1833 para ser exactos, y la única modificación de peso fue la división en dos provincias de las islas Canarias y la hizo Primo de Rivera en 1927, seguimos con lo mismo 175 años más tarde. Con esta supresión mejoraríamos, para mi, el sistema electoral además de ahorrarnos las diputaciones, lugar de retiro del político que no sirve ni para diputado nacional, ni autonómico, ni de alcalde, imaginaros el nivel medio de lo que nos encontramos por ahí.

            Pero, ¿en que mejora el sistema? Esencialmente pone cara a nuestro diputado, las elecciones se asimilarían a las municipales en los  pueblos medianos y pequeños, en donde por encima de la marca se vota al candidato y esto es así porque se le conoce. En principio los partidos no tendrían más remedio que elegir a alguien conocido en su circunscripción, esto sólo ocurre hoy en día en los primeros puestos de las listas, y aquellos más queridos en sus zonas gozarían de una independencia de los aparatos desconocida hoy. Además haciendo más pequeños los distritos electorales, a los políticos se les controlaría mejor, el acceso de los independientes sería una opción real, siendo de una comarca determinada, o de un barrio en particular, la gente lo conocería, su nombre, la familia, personalidad, capacidad, patrimonio… la marca sería un complemento.

            De cómo se articularía, lo más difícil es que lo aprueben los políticos actuales. Separaría las urnas, teóricamente ¿no son poderes separados? En la primera elegiríamos al presidente del gobierno directamente, con un distrito único como en las europeas (en las autonómicas se asimilaría). Ganaría aquel que sacase el cincuenta por ciento de los votos, si no, doble vuelta entre los dos más votados, la cual se puede hacer automáticamente (se incluye en la papeleta una serie de varios candidatos por orden de preferencia, en la primera vuelta sólo se contabilizarían aquellos elegidos en primer lugar, en la segunda se sumarían los votos, entre los dos candidatos que hayan pasado, de aquel que se encuentre en posición más alta). Que se consigue con esto, a mi entender hundiría el voto útil, este se produciría en segunda o  tercera elección, si no hay mayoría se elige el preferido por los no  seguidores acérrimos, al menos no dejaríamos la segunda elección a los políticos, no creo que se hubiera dado el tripartito, ni ninguna coalición contra natura.

            En una segunda urna elegiríamos a los diputados, separando claramente a los poderes, el sistema idéntico, excepto que la circunscripción sería una por diputado, estatal o autonómico. Esto como hemos comentado daría un mayor acceso a los independientes y haría removerse a los partidos tradicionales, acercándolos a los electores. A los electos los obligaría a recibir a sus parroquianos, al menos cada dos semanas, para que les planteen sus quejas o sugerencias. Si votasen algo distinto a lo prometido tendrían que justificarlo uno a uno, humanizando la política en ambos sentidos. Del Senado ni hablo, por que al igual que las diputaciones sirve para poco hoy en día. El sistema de elección planteado para el Congreso es absolutamente territorial y si hoy en día es prácticamente inútil, lo único que consigue en el fondo es introducir alguna modificación de última hora o retrasar la aprobación de una ley en concreto. Para eso que se convierta en una especie de consejo consultivo, ya que suele ser un cementerio de elefantes que lo  sea de verdad. Que lo formen todos los ex importantes de forma vitalicia (ex presidentes de gobierno y autonomías, los que hayan sido un determinado número de años ministro o diputado, etc..), así se les obligaría  a opinar de todos los temas de actualidad haciendo un poco la labor de Pepito Grillo.

            En definitiva, lo que planteo, como lo tienen que aprobar aquellos que saldrían, a priori, menos beneficiados es un brindis al sol, pero por lo menos puedo y creo que debo hacerlo. Parte de los males actuales de nuestra sociedad vienen del exceso de poder de los partidos políticos y del bajo nivel personal, intelectual, moral, etc… de la mayoría de sus miembros. Son empresas de colocación que sólo piensan en que forma perpetúan su poder. Si tienen que medrar lo hacen,  y así nos va, porque yo sigo queriendo conocer a mi diputado, para poder quejarme ante él en persona y que no sea una encuesta la que le diga cuales son mis problemas.




Continuara…




…esta vez no lo se   

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