viernes, 30 de enero de 2015

Hace 15 años

Aún con canas tuiteo. El otro día leí uno que me ha hecho cabilar, "En España estábamos mejor hace quince años, cuando globalmente eso no es así". Y yo, ¿cómo estaba hace quince años? En muchos aspectos, especialmente económicos, mejor, pero, no tenía mis hijos, además no había vivido una primera década de siglo especialmente intensa. Hoy he cambiado seguridad por incertidumbre; patrimonio por experiencia. Esto último sólo lo siento por mis hijos, y mi comodidad. La experiencia te puede devolver lo perdido, o no, pero es algo que, esencialmente, no me importa. Lo primero, en cambio, es lo que me ha movido a escribir. No tengo especial miedo a lo que me ocurra personalmente, incluso cuando vivo al día, o a veces he vivido por debajo de ese nivel. Mis preocupaciones están relacionadas con los cambios que se han producido y los que se intuyen, en el mundo y especialmente en España.

Como el abuelo de Henry Fonda en los Cuatro Jinetes del Apocalipsis temo por el mundo que vamos a dejar. Temo al desarraigo, lo sufro, por fallos propios y ajenos, lo peor he llevado este riesgo a mi prole. Tener claro quien soy y donde estoy no es fácil después de tanto cambio. Lo primero espero saberlo, sobre lo segundo, ni se donde acabaré, ni como. El segundo cabalga sobre la demagogia. Se ha instalado en casi todos los frentes políticos, pero son aquellos que con la bandera de la regeneración me dan miedo. Pretenden asentar un pensamiento único, una tiranía con apariencia democrática basada en el tercer jamelgo, la corrección política. Quieren crear clones que repitan su laica homilía de trasnochada e izquierdosa moral. Me aterra pensar que no se puede pensar diferente y parece que vamos, oprimidos por algunos medios, hacia ello.

Dejo para el final el único con el que coincido con el argentino. Hoy, a diferencia de hace quince años, temo a la guerra. Sufro no porque mi generación vaya, o la hayamos conocido en masa, gracias a Dios, generalmente, la hemos evitado. Me desasosiega pensar que la generación de mis hijos la tenga que sufrir. Los acontecimientos, especialmente con el problema islamista al frente, nos va llevando poco a poco hacia un precipicio por el que, si no se ataja, posiblemente caigamos sin remisión. Pasada la Guerra Fría no podíamos vislumbrar una tercera contienda mundial, hoy, ya no es así. Espero equivocarme por mis hijos y los vuestros...

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