Sevilla, a 20 de diciembre de 2010
Esta vez me sirve una ley, otra vez polémica, que está a punto de aprobarse y entrar en vigor. Lo que cuento lo escribo de oído, o leído según los casos, pero creo que no me invento nada lo suficientemente grave y sirve como botón de muestra para mi tesis continua: se meten hasta donde no le llaman, y tienen la voluntad de regular hasta aspectos ridículos de la vida cotidiana. Ya creo que es una estrategia para que por lo menos durante cinco minutos no se hable de la crisis. Me estoy refiriendo a la reforma de la ley de medidas sanitarias frente al tabaquismo.
Llama la atención a un lego lo rimbombante del nombre de la ley. A mi entender éste es poco ajustado, en los aspectos más polémicos que, por ello, son los que más han trascendido, no versan mucho de tratamientos ni terapias, deben entender que regular en donde se puede o no fumar es una medida sanitaria preventiva por que si no, no se entiende. Mi primera reflexión es sobre el porqué se necesita reformar una Ley aprobada hace cinco años por los mismos, da a entender que se han equivocado. Como siempre pagan justos por pecadores, creo que ahora presentan lo que hace poco no se atrevieron. Con este gobierno y este partido nada es de frente, que diferencia hay entre la de antes y la de ahora, poca, sólo han ido ampliando los supuestos de prohibición, con la misma lógica de hace unos años, se podría haber aprobado esta misma Ley sin haber causado perjuicio a la hostelería. El viejo refrán de más vale una vez colorado que cien amarillo es de plena aplicación en este caso. No tener el coraje político de hacer lo que se pretendía desde el principio lo único que consigue es cabrear dos veces y encima ahora la gente ya anda calentita. Si antes hubieran aprobado la norma a los niveles actuales el fumador se hubiera molestado exactamente igual y el hostelero se hubiese ahorrado un dinerito, pero esos son nuestros políticos del buen rollito, que, por no molestar, lo hacen dos veces. Y digo bien, nuestros, pues, aunque ni ellos mismos se lo crean, gobiernan para todos y todos somos responsables de su elección.
No fumo pero he sido y sigo siendo fumador, no lo hago porque entiendo que es perjudicial para mi salud, me sigue costando aunque ya hace casi quince años del último cigarrillo, ese es el increíble poder de la droga. Creo que el bien común debe prevalecer sobre el individual siempre en materias que sean esenciales, y la salud por supuesto que lo es. Hasta este punto de acuerdo con el espíritu de esta Ley, pero, si es tan perjudicial, ¿por qué no prohibir totalmente el tabaco? Muerto el perro se acabó la rabia. Pero al final estamos ante políticos, siguiendo la lógica de los mismos fundamentos que esgrimen para estas prohibiciones debería ser así, pero esto haría perder muchas elecciones e impuestos. Eso es otra de las contradicciones de todos los gobiernos con respecto al tabaco, es el principal beneficiado económico de su consumo. Ahora vendría los que contestan que casi el 5 % del gasto sanitario es responsabilidad directa de su consumo, y después, sarcásticamente replicaría que si alargamos la vida de las personas posiblemente nuestro sistema de pensiones quiebre. Mi comentario es más sobre la estética del hecho de ganar más cuanto más daño se hace tú gente. Al final cuando hace falta pasta a las arcas públicas el Estado sube los impuestos del alcohol y el tabaco.
No quiero defender el tabaquismo pero hay que ser consecuentes, creo que aquí vendría a colación otro refrán bastante más soez que habla de o todo dentro o todo fuera. Lo de los colegios, hospitales y edificios públicos yo hasta contaba que estaba aprobado desde la Ley inicial, y sobre todo, hay que tratar de poner difícil el consumo entre los adolescentes, y, si hay nuevos fumadores, que éstos empiecen lo más tarde posible. Veo esencial quitar los ejemplos positivos en el fumar, quitar el tabaco de la puerta de los colegios, más que de los hospitales, es esencial, no ver a tu profesor o tu entrenador, pero ¿hacía falta cuantificarla? De aquí tomé el nombre de mi reflexión. Según tengo entendido, se va a prohibir, y multar, fumar a menos de cien metros de un centro educativo, hospitalario o parques infantiles. Eso ¿para qué?, y, ¿quién lo controla? Si es así, teóricamente, te van a poder multar con 60 € si paseando por el centro de cualquier ciudad enciendes un pitillo cuando estás a menos de esa distancia de un colegio. Llevado al extremo, y ahora que están tan de moda, ¿colocarán cámaras para controlarlo? Ni veo a municipales, que ya tienen suficiente con el tráfico, y menos aún a la policía nacional multando por ello. Imagínese, el conflicto si tu vecino te denuncia, además, ¿cómo lo prueba? Entonces porque cuantificar algo tan difícil de controlar. Pienso que es algo tan simple como el afán regulador de aquellos que ven a Papá Estado como el gran educador. Sería mucho más sencillo que los colegios y hospitales pudieran amonestar a aquellos que fumasen en las puestas de los centros y que sólo se sancionara a los especialmente reincidentes, además, más simbólicamente que otra cosa. Me parece ética y estéticamente correcto prohibir fumar en la puerta de un instituto, hacer lo más difícil posible fumar a los estudiantes de secundaria o bachillerato, pero, de verdad han pensado lo que significa cuantificar en este caso el cerca y el lejos. Llevando al ridículo la situación, piensen en el centro de su población y mentalmente tracen una circunferencia de cien metros de radio desde la puerta de cada colegio, guardería, conservatorio, universidad, ambulatorio, hospital, parque infantil, etc…Uno tendría que comprarse un gps y marcar todos esos círculos como los radares fijos sólo para que no se olvide donde le pueden multar. ¿De verdad lo van a aplicar? Y si no, ¿por qué lo aprueban de esa manera?
Otro aspecto a criticar es prohibir la zona de fumadores en los establecimientos hosteleros. A parte de lo que se gastaron, para ese viaje, que hubiesen aprobado esto desde el principio, como he comentado ya. Si la verdadera intención es dificultar el consumo entre los jóvenes, posiblemente, sólo con prohibir su entrada en los locales donde se permita hacerlo se está al cabo de la calle. Eso es más fácil de controlar, y mira que a lo que más me molesta de ir a un bar de copas es el olor a tabaco de la ropa, con sancionar al hostelero que no lo cumpla, éstos lo cumplirán a raja tabla. Eso lo creo así porque van a ver fumar igual en sus casas, en las terrazas, en la calle, a Bogart… ¿romasterizarán Casablanca para que no fumen ni la Bergman ni él?, teóricamente van a prohibir que se fume en cualquier transmisión televisiva, ¿incluye esto el cine clásico?
Reitero que deje de fumar por el bien de mi salud, en un acto libre entendí que era mejor para mí. Ir así contra el tabaco lo veo excesivo, esta postura se plantea desde la perspectiva que es el Estado el responsable de nuestra salud, puede ser así, pero yo lo preferiría desde la formación más que desde la pérdida de la libertad, sienta, además, un precedente peligroso. Entiendo que se debe garantizar el derecho del no fumador, pero no a costa de hacer casi un delincuente al que lo hace. ¿Por qué el dueño de un pequeño bar no puede elegir si en su establecimiento se puede fumar? Un no fumador es libre de no entrar y los menores mejor que no lo hiciesen, pero, si un adulto tabaquista quiere hacerlo, ¿quién es el Estado para prohibirlo si todo el mundo está de acuerdo? Espero que en el futuro no apliquen estos principios ni al vino, o al alcohol en general, ni a la comida, o nos obliguen a hacer ciertos deportes...
Nada, al final las películas X del futuro serán aquellas americanas de hace años donde el protagonista era siempre masculino, se ligaba con un tono especialmente machista a una chica mucho más guapa que él, fumando y bebiendo hasta emborracharse. Según te dicen, es todo en aras de la libertad. ¡No la van a cumplir ni ellos!
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